viernes 18 de abril de 2008

Viva el Paraguay! Viva Lugo!


El querido pueblo paraguayo, que nos ha dado tantas lecciones de coraje a lo largo de su historia, acude este domingo a las urnas en una nueva etapa de su vida democrática iniciada, sin retorno, al término de la larga dictadura de Alfredo Stroessner, a fines de los ochenta.

Pero la corrupción y la impunidad han seguido campeando. Surge en el horizonte, entonces, la figura del obispo católico Fernando Lugo (56), con su Alianza Patriótica por el Cambio, que postula la afirmación de valores democráticos genuinos y, lo que es importantísimo, el fin del largo reinado de 60 años del partido Colorado, una suerte de "estado" dentro del Estado.

Lugo se ubica, por propia definición, entre la izquierda que representan Lula y Bachelet y la que encarnan Chávez y Evo Morales. Interesante ubicación, aunque no acepta etiquetas políticas tradicionales. Pero su lucha por una mejor distribución de la riqueza, por la justicia social en un país conocido por su inequidad, por acabar con la lacra de la corrupción y por iniciar una política exterior claramente progresista, lo ubican entre los movimientos de la nueva izquierda latinoamericana, la neoizquierda del cambio.

A pesar de estos conceptos, Fernando Lugo es un sacerdote católico de pura cepa. Inflexible en materias de fe y de doctrina (como el aborto y la eutanasia) es innegable que su discurso conlleva elementos de la teología de la liberación, tesis filosófica y teológica desarrollada magistralmente por nuestro compatriota P. Gustavo Gutiérrez.

Obispo paraguayo desde 1994, su incursión en la arena política y su deseo de renunciar al episcopado han determinado que, hace pocas semanas, la Iglesia haya decretado su suspensión Ad Divinis, aunque sigue siendo sacerdote. Por eso, tal vez, tiene un sentido social que no puede compararse con el de ningún otro político.

Las encuestas para la elecciones del domingo dan a Lugo como el vencedor, con lo cual la neoizquierda latinoamericana, fresca y renovada, está llamada a ganar mayor credibilidad y espacio y a influir, qué duda cabe, en la propia iglesia de América Latina.

El cambio es inevitable hasta el punto de que la propia -y prestigiada- candidata del coloradismo oficialista, la exministra Blanca Ovelar, se declara contraria al continuismo y postula una ruptura con el pasado. Caso distinto es el del inefable exgeneral Lino Oviedo y su denominada Unión Nacional de Ciudadanos Eticos, que nos recuerda las horas más oscuras del militarismo latinoamericano y que, por fortuna, no tiene la menor opción de acceder al poder.

Pero cuidado con el fraude! Los observadores internacionales debe poner mucha atención!

Paraguay, entonces, se apresta a darnos buenas lecciones de humanidad, interés por el prójimo, sensibilidad y justicia, cuestiones éticas que, a fin de cuentas, son parte de la moral cristiana que nos es común.

Estaremos atentos al gran cambio del domingo 20.