Algo debe estar ocurriendo en el Perú para que el embarazo de una artista de la farándula local y las implicancias de su relación sentimental sean noticia de primera plana en los principales medios de comunicación.
Y con todo respeto a las artistas involucradas porque ellas no tienen nada que ver en este planteamiento. Se trata, simplemente, de que el país y sus comunicadores sociales están virtualmente tomado por la temática farandulera y, al parecer, la sociedad se encuentra encandilada por los escándalos.
En todas partes del mundo el medio faradulero tiene un espacio, pero ello ocurre en medios específicos como, por ejemplo, el National Enquirer, en Estados Unidos, o el Bild, en Alemania. Pero el caso peruano raya en lo patológico ya que los principales medios, en sus versiones impresas y on-line, dan cabida a las noticias del espectáculo en desmedro de lo que realmente importa.
Es decir, más allá de la sinfonía monocorde en que se ha convertido gran parte del periodismo peruano, todos los ciudadanos estamos rodeados por un cúmulo informativo que resulta extenuante.
Obviamente que la responsabilidad no es sólo del periodismo. Es, también, la ausencia de una clase media importante lo que permite que se esquiven los hechos importantes y que, cuando aparecen, sea -igualmente- en el contexto de un escándalo.
Los gobiernos son los primeros beneficiados con esta situación. En la década pasada se hablaba de "sicosociales" para distraer al país. Hoy, el Perú se ha convertido en un productor nato de sicosociales espontáneos que el gobierno ni siquiera necesita crear intencionalmente porque se generan solos.
jueves 8 de mayo de 2008
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