
Lo confieso, nunca creí que el senador Barack Obama lograría la nominación demócrata para la presidencia de Estados Unidos. He asistido invitado a las convenciones del Partido Demócrata en Chicago (1996) y Los Angeles (2000) y este año, con seguridad, estaré en la convención de Denver.
Basado en esa experiencia, percibí que la maquinaria del partido apostaría, al fin, por la seguridad de Hillary Clinton, mujer dotada de un talento político superlativo.
No obstante, lo de Obama se ha convertido en una "Obamamanía" incontrolable, sólo comparable en la historia con Lincoln, Roosevelt, Kennedy o Reagan. Es evidente que la sociedad norteamericana confronta un hartazgo de los mismos nombres y las políticas gastadas de las estructuras partidarias clásicas.
Veamos cómo influye en el mundo el hecho de que el país más poderoso de la tierra lleve a la presidencia a un afroamericano. Y veamos cómo repercute este hecho en América Latina.
Lo que parece cierto, y esto es impactante, es que el ansia de cambio y de novedades ahora tan característica de nuestra región se encuentre sólidamente instalada en Estados Unidos.
A su modo y salvando todas las distancias, Obama encarna un viraje progresista, cualitativamente distinto pero coincidente con el que experimentamos por estas calles. Eso puede situarlo al lado de los más necesitados en América Latina.
Basado en esa experiencia, percibí que la maquinaria del partido apostaría, al fin, por la seguridad de Hillary Clinton, mujer dotada de un talento político superlativo.
No obstante, lo de Obama se ha convertido en una "Obamamanía" incontrolable, sólo comparable en la historia con Lincoln, Roosevelt, Kennedy o Reagan. Es evidente que la sociedad norteamericana confronta un hartazgo de los mismos nombres y las políticas gastadas de las estructuras partidarias clásicas.
Veamos cómo influye en el mundo el hecho de que el país más poderoso de la tierra lleve a la presidencia a un afroamericano. Y veamos cómo repercute este hecho en América Latina.
Lo que parece cierto, y esto es impactante, es que el ansia de cambio y de novedades ahora tan característica de nuestra región se encuentre sólidamente instalada en Estados Unidos.
A su modo y salvando todas las distancias, Obama encarna un viraje progresista, cualitativamente distinto pero coincidente con el que experimentamos por estas calles. Eso puede situarlo al lado de los más necesitados en América Latina.






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